‘Riverdale’, la cara más oscura de la adolescencia

La segunda temporada de Riverdale llega a España con la presión de mejorar aun más las expectativas que nos dejó este bien armado micro universo de tenebrismo gótico, sangre, bruma, batidos de fresa y luces de neón

riverdale

(de izq. a derc.) Archie, Ronnie, Jughead y Betty diciéndote que no vayas a RIVERDALE si no quieres corromperte de algún modo

El tenebrismo está de moda (exitosas producciones como las de It y American Horror Story son prueba de ello); los 80 están de moda, qué duda cabe a estas alturas, y las historias sobre asesinatos misteriosos también vuelven a ser populares, si es que alguna vez han dejado de serlo. Warner Bros Televisión aprovecha estas tendencias y las fusiona con acierto para proyectar un mundo en el que los típicos enredos de instituto, el puritanismo estadounidense y la estereotipada imagen del sueño americano reciben una radical vuelta de tuerca.

Riverdale  es una ciudad que despunta por su tranquilidad y su civismo. La imagen inmaculada de la típica vida americana que allí transcurre entre inocentes bailes de instituto, eventos deportivos con los uniformes de los jugadores y las animadoras a juego, idas y venidas a Pop’s para tomar hamburguesas y batidos, y eventos conmemorativos en los que ciudadanos modelo se agrupan para celebrar esa calma, capitaneados por una sonriente y siempre bienintencionada alcaldesa. Pero un día aparece en el río el cuerpo flotante de Jason Blossom, el exitoso estudiante cuya familia controla la economía local gracias al negocio del sirope de arce,  y la atractiva máscara que recubre a Riverdale empieza a quebrarse, sacando a la luz una realidad mucho más desagradable.

Así comienza esta historia que nos irá narrando la voz en off de Jughead Jones, una suerte de Truman Capote adolescente, decidido a llegar al fondo del asunto hasta las últimas consecuencias. Al propósito de Jones se unirán la perfeccionista y repipi Betty, la explosiva Ronnie y el deportista modelo Archie, que últimamente se encuentra en una encrucijada personal por no saber cómo afrontar su prometedor futuro.

Jason Blossom en modo fiambre

Aparentemente, esta es una historia que ya nos han contado de muchas formas. Pero el mérito de la serie consiste precisamente en mostrarnos lo que ya conocemos (y sabemos que funciona) de un modo que nos parezca sorprendente y cotidiano al mismo tiempo; sobrenatural, pero común; ajeno y cercano; como lo es el mal que, por mucho que siempre intentemos dirigirlo a una sola dirección, en el mayor número de casos todos solemos participar de él, ya sea directa o indirectamente. Más aun en este tiempo de relativismo en el que vivimos, que los guionistas han sabido captar a la perfección sin menospreciar ese regusto retro del que bebe Riverdale, con  paisajes al más puro estilo Twin Peaks y unos personajes basados en los célebres cómics de las aventuras de Archie.

Hablando de personajes, resulta refrescante ver caras nuevas en la ficción americana.  Lili Reinhart (Betty Cooper), K. J Apa (Archie Andrews) y Camila Mendes (Verónica Lodge) debutan cumpliendo sobradamente con la complejidad de interpretación exigida por sus papeles. Mención especial para el regreso a la ficción de Cole Sprouse, el que será siempre uno de los gemelos rubios de la serie de Disney Channel Hotel dulce hotel, que da al controvertido Jughead Jones una buena dosis de carisma, dejando entreabiertas las puertas de una carrera que se avecina exitosa.

 

Cole Sprouse levantando pasiones como Jughead Jones

Y sí, esta es una serie fundamentalmente de personajes, del tipo del que el espectador termina odiando al que fuera su  predilecto desde el primer capítulo, o todo lo contrario. Porque, ya sea por necesidad o pura naturaleza, estos terminan revelando su lado oscuro o desprendiéndose de la coraza para dejar aflorar una gran sensibilidad. En la ciudad de Riverdale nunca se sabe. La corrupción y la mentira siempre están acechando entre sus calles y cuando salen a la luz en forma de desgracia podemos estar seguros de que nadie está exento de culpa, pero tampoco nadie es totalmente culpable. Se agradece esa difuminación de la frontera entre el bien y el mal, sin moralinas que nos aleccionen sobre el saber estar y las buenas intenciones.

El creador de la serie, Roberto Aguirre Sacasa, parece haber cogido esa teoría propia del sueño americano como base para mostrarnos una visión propia de su manifestación, en la práctica. Y la práctica se compone de familias disfuncionales, adultos que no son capaces de controlar su propia vida pero que exigen ese control por duplicado a sus hijos, y adolescentes que han crecido con el imaginario del éxito, de la vida perfecta que para ellos han fabricado sus progenitores, pero que realmente no saben como alcanzar, ni si están realmente dispuestos a hacerlo. ¿A qué nos puede sonar esto? sí, a la generación millenial y sus conflictos identitarios.

“Mira qué monos estamos representando nuestra idea del sueño americano”

Así que Archie, Betty, Ronnie, Jughead y sus compañeros, como buenos millenials, tienen que lidiar con toda la oscuridad heredada de las generaciones pasadas de Riverdale, con un ojo puesto en el futuro y tratando de ser salpicados lo menos posible por tanta turbiedad. ¿Lo conseguirán? ¿Virarán hacia la luz o se perderán entre las sombras? Responder a estas cuestiones es uno de los objetivos finales de un guión que hasta el momento despunta por su solidez y coherencia (tarea difícil con tantas tramas y relaciones personales secundarias).

Y si a todas estas sugerencias de la trama añadimos una estética atractiva y perfectamente acorde tenemos como resultado un micro universo distintivo, original, en el que deslumbrantes bailes de instituto, cremosos batidos de frutas, sirope de arce y luces de neón combinan con densos bosques de pinos, chaquetas de cuero, mansiones góticas, sangre y armas de fuego.

La primera temporada de Riverdale ha cogido el testigo del entretenimiento juvenil (y no tan juvenil) con fuerza y ahora en adelante tiene el deber de aprovecharlo, sin caer en el típico culebrón en el que suelen transformarse estas series.

La corrupción, el asesinato, la sangre y las mentiras nos han mantenido en vilo hasta el momento, al estilo tradicional del thriller americano, con el añadido de las rebosantes hormonas adolescentes. Queremos más intriga, más sangre y más hormonas desatadas. En definitiva, queremos seguir dando un paseo cada semana por la cara más oscura de los adolescentes de Riverdale.

El sexy de Jughead Jones os despide