¿Qué banda sonora bailará en los Oscars?

La categoría mejor banda sonora original de los premios Oscars es una de las más elitistas de todo el certamen. Se debe a su acusada tendencia a nominar, año si y año también, a los mismos compositores y limitar en exceso la inclusión de nuevos nombres a consideración. Echen un vistazo a las últimas ceremonias y comprobarán que es difícil no encontrar a “sospechosos habituales” como John Williams, Alexandre Desplat o el emergente Jóhann Jóhannsson entre los aspirantes al premio.

Recordemos que La Llegada fue descalificada por el uso de una pieza de Max Richter en escenas clave del film

Al igual que sucede en la categoría de mejor canción original, quienes eligen a los nominados son la Music Branch y aunque suelen considerar más la calidad musical (antes que el éxito crítico de la propuesta), también es cierto que son muy reticentes a dejar entrar nuevos nombres en su reducido club. Por eso es sorprendente lo que ha sucedido este año pues de las cinco candidatas, cuatro son de compositores que jamás habían sido nominados e incluso podríamos decir que son artistas revelación para el medio cinematográfico. Un cambio de paradigma cuyo último precedente fue la ceremonia de 1967, cuando otros cuatro compositores consiguieron su primera candidatura (Lalo SchifrinQuincy JonesRichard Rodney Bennett Leslie Bricusse).

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El ganador fue Elmer Bernstein por el musical Millie, una chica moderna. Curioso escenario donde la partitura musical ganó… ¿Les suena?

Los nominados a mejor banda sonora original 2016 son:

Mica Levi por Jackie

Irrepetible banda sonora compuesta por la artista indie Mica Levi, perteneciente al grupo Micachu and the Shapes quien ha conseguido el mayor de los reconocimientos gracias a su segundo trabajo en cine (el primero fue para la alienígena Under the Skin). Elegida específicamente por el director Pablo Larraín, Levi compuso la partitura antes de que la película estuviese grabada (es decir, en base al guión). Esta es una fórmula altamente peligrosa ya que aunque en ocasiones los resultados pueden ser extraordinarios (Hasta que llegó su Hora de Ennio Morricone), otras veces pueden quedarse en un mero wallpaper musical que embellece las imágenes y poco más (Brokeback Mountain de Gustavo Santaolalla).

Afortunadamente, Levi opta por un método a lo herrmanniano, consiguiendo que su música exprese las emociones y sentimientos de la primera dama Jackie Kennedy tras el asesinato de su marido, John Fitzgerald Kennedyde manera psicológica. Es por ello que se trata de una música fría, llena de altibajos, extremadamente cerebral que intenta sincronizar qué pasaba por la mente de Jackie en lugar de realzar la situación vivida por los personajes del film. Es muy complicado cumplir esta labor (¡sobre todo tratándose del segundo trabajo para el medio!) pero el trabajo de Levi está a la altura de las circunstancias. A pesar del amor y respeto que ha conseguido por parte de la crítica de cine mundial, esta banda sonora ha sido denostada por la crítica experta en música de cine quienes la consideran mal posicionada y molesta. En cualquiera de los casos, es interesante que los académicos hayan apreciado el trabajo de Levi y es motivo de celebración que una mujer este nominada a estos premios pues la última en conseguirlo fue Rachel Portman por su delicioso Chocolat (2000).

Nicholas Britell por Moonlight

Poco a poco Nicholas Britell se está haciendo un importante hueco en la industria. Tras haber ayudado a financiar a Damien Chazelle con el corto (y posterior película) Whiplash y componer la ligera banda sonora de La Gran Apuesta, el compositor consigue su primera nominación por su labor musical en Moonlight.

Trata la historia de Chiron, un niño negro homosexual que reside en una zona marginal de Miami con una madre abusiva y adicta a las drogas y que con el paso de los años, irá buscando su propia aceptación. Un drama social que transcurre a través de tres etapas dividadas por la edad de Chiron: niñez, juventud y madurez. A pesar de la cantidad de música existente en el film (que coexiste con música de Mozart y música rap y soul), la partitura es minimalista y poco intrusiva. El tema dedicado al protagonista expresa una delicadeza y fatalismo en breves notas de piano que permitirán al compositor darle una evolución según va creciendo y la vida le plantea nuevos obstáculos.

A destacar el virtuoso tema para una de las escenas clave en que un violín desata todo el dramatismo y sufrimiento de la historia (esta pieza tiene toda la pinta de ser reutilizada y/o copiada para anuncios y promocionales) y esos títulos de crédito finales con cierta tendencia al new age de los años 90 que dejan libertad al espectador para plantearse el poderoso epílogo de la película. Un trabajo bien resuelto y con ciertos toques de genialidad pero que aún así lleva a cuestionarte qué habría hecho un compositor más veterano con este material.

Dustin O’Halloran y Hauschka por Lion

Lion es la terrible historia real de Saroo Brierley quien a los cinco años de edad se perdió en la India y acabó en un centro de acogida. Al poco de estar allí, una pareja de australianos lo crió y 25 años después Saroo decidió buscar a su verdadera familia. El compositor Dustin O’Halloran, más conocido por sus trabajos eclécticos en ciertos títulos de la filmografía de Sofia Coppola, colabora con el célebre pianista germano Hauschka para darle la música necesaria a este tremendo melodrama.

El tema principal es una elegante pieza que hace las veces de leit motiv durante la segunda mitad de la película. Esta melodía será el tema central de la obra y por lo demás, los compositores se limitan a elaborar un fondo amable, lo justo para no molestar. Esto es frustrante ya que hay ciertos momentos en que la música debería dar más de sí. Sorprende que en una película de estas características no se aproveche más los recursos étnicos de la historia para darle otros colores y tonalidades a la orquestación. Se nota que ambos autores han trabajado para piezas de música en concierto pues la banda sonora es altamente disfrutable como escucha aislada pero dentro del contexto fílmico se queda floja e incluso podríamos tildarla de mediocre para los estándares. Tampoco ayuda que el bello tema principal se repita hasta el exceso. Una banda sonora que podría haber sido mucho más impactante y poderosa pero que finalmente acaba resultando de lo más regular.

Thomas Newman por Passengers

La cuota de veteranía pasa este año por Thomas Newman y su Passengers que le hace lograr su decimocuarta candidatura al premio (¡aún sin ganar!). Nominación absolutamente inesperada ya que ninguno de los certámenes predecesores la había considerado para premios (ni siquiera la crítica de música de cine) y viene a demostrar el amor y respeto que tienen los compañeros de profesión hacia el hijo del legendario Alfred Newman. Aquí Thomas continúa la senda empezada en Wall-E al integrar sus orquestaciones (recordemos llenos de sonidos característicos) de una forma mucho más etérea y, por qué no decirlo, espacial.

La música es dinámica, viva y evoluciona en sus planteamientos; se nota que estamos ante un auténtico artesano de la música de cine. Recordemos que la música que Thomas suele aplicar a sus films peca de ser demasiado estrambótica, rara e incluso a veces desentonar con el sentido del film pero en el caso de Passengers al estar ambientada en una nave espacial y tratarse de un film claustrofóbico considero que la sinfonía es más que adecuada. La parte débil de la banda sonora es la sensación de “ya oída” que puede manifestar no sólo en el aficionado a la música de cine sino también al propio espectador. Su sonido es tan característico que en esta ocasión apenas aporta novedad alguna al oyente veterano y eso juega en su contra. Aún así, Thomas se reserva una brillante pieza romántica tan personal que ningún otro compositor puede conseguir que suene igual. Sin duda alguna, esta ha sido la candidatura sorpresa del año.

Justin Hurwitz por La la land 

Y por último tenemos a la banda sonora de moda, La Ciudad de las Estrellas (La La Land). Va a ganar, en serio. Podríamos habernos ahorrado todo el análisis empezando desde aquí:

El guionista y director Damien Chazelle y su amigo el compositor Justin Hurwitz trabajaron codo con codo para crear toda la música del film, altamente inspirados en la colaboración que mantuvieron los franceses Jacques Demy y Michel Legrand en los años 60 (Los Paragüas de Cherburgo, Las Señoritas de Rochefort…). Así pues, el músico no sólo compuso las canciones que interpretan los protagonistas sino que también compuso una partitura original que acompañase durante todo el largometraje.

Antes de valorar los resultados, hay que aplaudir el enorme esfuerzo realizado por Justin Hurwitz para esta producción; hay muchísima música en la película y gran parte del éxito que está teniendo se debe a la labor musical. Aún así, no puedo evitar sentir que el proyecto se le queda grande al compositor, esto se manifiesta en un excesivo uso de la marimba, sonido que puede llegar a irritar y que en las (pocas) canciones de la película se repitan los mismos patrones y acordes. Esto le confiere un cariz algo amateur durante ciertos momentos de la composición.

Pero Hurwitz trabaja bien las canciones al transformarlas en score para las diferentes escenas de diálogo, como por ejemplo cuando Mia (Emma Stone) y Seb (Ryan Gosling) recorren los escenarios del backlot de la Warner Bros (donde escuchamos por vez primera la melodía del momento estrella musical del film, “Audition (The Fools who Dream)“) o esos exquisitos títulos de créditos finales que repiten la melodía de inicio de la película que contiene un riff maravilloso.

Es atípico que una partitura escrita para un musical llegue a ser candidata al premio Oscar pero es que en “La Ciudad de las Estrellas”, la música juega un papel importante. El tema de amor de Mia y Seb, no sólo es una pieza diegética (pertenece a la narración, de hecho la interpreta el personaje de Ryan Gosling) sino que traspasa el medio y se convierte en música no diegética (y por lo tanto, llega más al espectador). Uno de los momentos más bellos tiene lugar durante la escena del Planetario, secuencia muda que permite a la música lucirse (como sucedió al inicio de Up) y Justin Hurwitz no desaprovecha la oportunidad. Es una pieza que juega con dicho tema de amor otorgándole un registro orquestal más clásico con reminiscencias a Tchaikovsky y que no sólo permite resaltar la partitura sino que establece en la ficción el comienzo de Mia y Seb como pareja.

También hay que destacar las diversas piezas jazzísticas que interpreta Seb a lo largo del metraje, en las que se nota que Hurwitz se encuentra en un registro mucho más cómodo. A modo de conclusión, Chazelle y Hurwitz elaboran una pieza de lo más experimental en la que la ficción se confunde con la realidad y durante cerca de 8 minutos asistimos a un collage de diferentes músicas y estilos que resumen a la perfección tanto la película como la banda sonora. Una composición altamente celebrada aunque yo me quedo con la dedicada al Planetario, llámenme purista. A modo de curiosidad ha aparecido de la nada una canción griega cantada por Dimitra Galani (del año 2013) que suena sospechosamente parecida al tema principal de “La Ciudad de las Estrellas”. A pesar del parecido entre ambas, dudo mucho que haya habido plagio pero el dato no deja de ser curioso.

Es absurdo considerar a estas alturas que otra banda sonora que no sea “La Ciudad de las Estrellas” vaya a llevarse el premio, más aún cuando ninguno de los otros contrincantes puede acaparar la atención a nivel musical. Y es que, parafraseando mi anterior escrito, ¿acaso considera usted que los académicos no van a votar para la mejor banda sonora a un musical? Enhorabuena Justin Hurwitz. @jotace85

Académicos, ¿para cuándo ese Oscar para Danny Elfman que llevo esperando desde no sé… ¿toda mi vida?

(Si quieres saber más sobre las nominadas a mejor banda sonora ¡escucha nuestro podcast dedicado a esta categoría en El Cine por los Oídos o en Ivoox!)