Personajes andaluces en el Ministerio del Tiempo

Aviso: Esta entrada contiene spoilers de la serie.

En el último capítulo de El Ministerio del Tiempo (14/3/16), por orden el número 13 y con el título ‘Un virus de otro tiempo’, a la peculiar y conocida patrulla comandada por Amelia Folch (Aura Garrido) se les encarga una misión en la Sevilla de 1991, en un contexto de Feria y pre-Expo 92. Por desgracia, la patrulla no puede siquiera iniciar la misión porque la propagación del virus de la Gripe Española obliga a los responsables del Ministerio a establecer una cuarentena, premisa del desarrollo de todo el capítulo.

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La Sevilla del XVI recreada en ‘El Ministerio del Tiempo’.

A pesar de no pisar territorio sevillano, la serie evoca una vez más a las tierras andaluzas que, como el resto de la región española, es protagonista de las aventuras de la patrulla. Ello hace que a través de sus famosas puertas, (re)conozcamos de la mano de sus guionistas a muchos de los personajes históricos que han sellado sus nombres con oro en nuestra cultura. En este artículo vamos a analizar, sin pretensión alguna de pontificar sobre nada – no soy ni mucho menos un experto en la materia- cómo se han representado estos personajes en la serie. Esto es, qué se ha potenciado de ellos y cómo han sido retratados en su caracterización y su carácter.

El primero que nos ocupa es, quizás, el más importante de todos los que habitan la serie aunque paradójicamente el único que no tiene su anclaje en la realidad. Nos referimos, claro está, a uno de los tres miembros originarios de la patrulla: Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda). Alonso es un caballero español del siglo XVI, combatiente en Flandes. Alto, serio, leal, honorable, su imagen nos evoca inevitablemente a la figura de Don Diego de Alatriste, popular personaje de la novela española homónima creada por Arturo Pérez Reverte (y sus muchas continuaciones), algo que aprovecha muy bien la serie para crear esos gags referenciales que se han convertido en marca de la casa. Alonso es en la serie el mayor pez fuera del agua en el Siglo XXI al ser el más lejano a la época actual en pertenecer a la patrulla. Es, ante todo, un soldado de honor. Un soldado fiel sobretodo, a sí mismo. Es curioso además la total y absoluta seriedad del personaje, siendo esta una característica poco común en los personajes andaluces de las series españolas (siempre, claro está, con sus excepciones).

El segundo personaje en importancia por presencia procedente de nuestra tierra es a su vez uno de los principales contrapuntos cómicos de la serie, nada más y nada menos que el pintor Diego de Velázquez. El artista es presentado ya desde el primer capítulo como un virtuoso y a su vez como alguien encantado de conocerse a sí mismo, algo con lo que se jugará continuamente haciendo no sólo referencia a sus propias obras sino en comparaciones con otros pintores o incluso con diálogos en los que podemos encontrar críticas a la cultura actual o mejor dicho, a su manejo por parte de las autoridades. El personaje, interpretado magistralmente por Julián Villagrán, cae en gracia desde el primer minuto al público y se ha convertido en uno de los secundarios más queridos de la serie, siendo objeto de multitud de memes y parte importante del fenómeno social y la estrategia transmedia que enriquecen el mundo ministérico.

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Velázquez, interpretado por Julián Villagrán.

En el último capítulo, como parte importante del desarrollo la trama interna de Julián, destaca la presencia de Federico García Lorca. Enmarcado dentro del periodo en el que asistió a la Residencia de Estudiantes de Madrid, el personaje aparece en el capítulo acompañando a sus amigos Buñuel y Dalí en la representación de Don Juan Tenorio. El personaje de Lorca cobra un sentido muy simbólico y casi espiritual en el capítulo, dando incluso nombre al mismo por medio del poema ‘La leyenda del tiempo’. Los sueños y el tiempo son los dos ejes principales del capítulo, y Lorca hace de conexión entre ese pasado en el que se desarrolla la trama (objetivo externo de los protagonistas) y ese presente (o pasado cercano) de su protagonista (conflicto interno de Julián). Lorca se mueve entre el tiempo y los sueños de una forma mística, reforzando en el espectador ese ideal del poeta enigmático, casi maldito. Jugando a la premonición, el capítulo establece entre líneas una semejanza entre la pérdida de Julián y la futura muerte de Lorca, como el destino inevitable.

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Lorca (Ángel Ruiz) y Julián (Rodolfo Sancho), en el último capítulo de ‘El Ministerio del Tiempo’.

Otro personaje andaluz que aparece, aunque de manera casi anecdótica, es Picasso. Sin embargo, si bien es cierto que sólo podemos tenerle durante una escena en la primera temporada, se trata de uno de los momentos más emblemáticos de la serie; una charla entre Velázquez y el pintor malagueño en la que se evidencia la profunda devoción del uno por el otro. No en vano, la figura de Picasso sobrevuela de vez en cuando las distintas subtramas del pintor de Las Meninas, haciendo siempre referencia a su fascinación por el autor del Guernica.

La representación de todos estos personajes siempre se mueve en dos aspectos: el primero el respeto por la fidelidad a la realidad y a los hechos, así como a todo lo que se conoce de sus formas de ser y pensar. El segundo por dotarlos de personalidad propia, carisma y en definitiva una forma de ser cercana alejada de representaciones de personajes planos.  El Ministerio del Tiempo es un regalo divulgativo de nuestra cultura y una forma de acercar todo ese pasado a los espectadores. Deseando estamos de que por sus puertas desfilen Blas Infante, María Zambrano, Camarón, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Lola Flores, Alberti, Paco de Lucía y muchos otros.