¡Como para no ponerse negro!

El pasado 22 de abril se estrenó Nina, biopic de Cynthia Mort que ha sentado como un jarro de agua fría a las minorías afroamericanas. ¿Sabía usted que Zoe Saldana no es lo suficientemente negra para hacer de negra?

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«Se busca actriz afroamericana muy negra para hacer de Nina Simone. Deberá tener vozarrón de contralto, porte rebolludo, cara de tomate y piel negra (tan negra como le sea posible). Para más señas, imagínese a Zoe Saldana con tres tonalidades menos». El aquí escribiente está tentado de poner a rodar este anuncio en los periódicos. Las pullas, dardos y puñaladas que le han llovido a Saldana estos días no merecen menos.

«Doloroso, desagarrador y nauseabundo». Con estas palabras se llenan la boca quienes, como Lisa Simone Kelly, arrementen contra la Nina de Cynthia Mort, biopic no autorizado que narra los últimos compases de la vida de Nina Simone. Y no ha sido la pobreza de su puesta en escena ni su fragilidad dramática lo que ha desatado las iras de la comunidad afroamericana sino su intérprete central, Zoe Saldana, de ojos avellanados y piel negra, pero no lo suficientemente negra.

La suya no es una negrura africana incubada en las plantaciones algodoneras de Carolina del Sur sino una negrura portorriqueña, lo que para los entendidos devalúa considerablemente la calidad de la negrura. No es, hablando claro, una negra de corazón sino una imitación de negra, con peluca, betún y prótesis de gomaespuma. Y claro, tras el bochorno de los Óscar, la cosa ya se pasa de castaño oscuro.

Pero no se alarme el lector, porque esta sobreprotección de los ídolos afroamericanos no es novedad. Que Angelina Jolie interpretara en 2007 a una afrocubana para A Mighty Heart o que Robert Downey Jr. satirizara su ‘slang’ en Trophic Thunder se les atragantó y mucho a estos colectivos, y apostaría a que aún no han digerido que Steven Spielberg se hiciera cargo de una cinta como El Color Púrpura.

Hay muchas formas de ser negro y, en vista de lo anterior, muy pocas están a gusto de todos. Deberían patentar un negroidenómetro que determine con precisión el grado de negrura. Así se acabarían estos marrones. Porque un talentómetro ya les digo yo que no tendría futuro en esta industria y en estos tiempos. Como quiera que sea, deberían olvidarse de la pobre Saldana. Esta controversia ha dado ya todo su jugo. Casi me atrevería a gruñirles lo que Hemingway a Scott Fitzgerald sobre ‘Fiesta’, eso de que «le peguen un tiro o dejen el asunto en paz».

Ahora bien, tanto la caricaturesca interpretación de su protagonista como lo que promete ser un desastroso film biográfico, bien merecen una docena de manifestaciones, por lo menos como la Marcha sobre Washington de Luther King. ¡Son como para no ponerse negro! Afortunadamente la propia Zoe Saldana no se ha amilanado y ha respondido, no a sus críticos sino al mundo y en el ojo de este huracán, que «un artista no tiene color ni género». Eso ha dicho, y muy bien dicho además.