Por los viejos tiempos (VI): Pulseras Rojas (T2)

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Albert Espinosa, el creador de Pulseras Rojas, ya advirtió que si queríamos ver una segunda temporada de la ficción tendríamos que esperar. Y cumplió con la palabra: la segunda entrega de episodios no se emitió hasta un año y ocho meses más tarde respeto el final de la primera. Las razón no era otra que para proseguir con la serie, necesitaba que los actores crecieran, porqué así también pudieran hacerlo los personajes y por lo tanto, tratarles como adolescentes. Si en la primera temporada aún eran unos niños, en los casi dos años que hubo en el medio, pegaron el estirón para enseñarnos qué es ser un adolescente con las hormonas disparatadas encerrado en el hospital por una enfermedad.

Estábamos avisados que iba a ser una temporada distinta, que la niñez de los Pulseras Rojas había terminado. Que las inseguridades de un adolescente y las de un niño no eran las mismas. Y lo fue. Las dos únicas temporadas de la ficción catalana son dispares entre sí.  Y es que lo primero a lo que el espectador tiene que acostumbrarse a una nueva dinámica, y es que aunque los Pulseras Rojas den nombre a la serie, ya no son el grupo unido y risueño que eran.  Y es que dos años dan para mucho.

El grupo separado es otra prueba más del nuevo enfoque, e incluso intensidad, de la serie. De algún modo, es cómo si problemas que en la primera temporada no veíamos (o no estaban) aparecieran, se duplicaran o se empezaran a leer entre líneas.  Pulseras Rojas había hecho un proceso de madurez y más que trenes de San Juan y canchas de baloncesto, nos tuvimos que acostumbras a algún que otro golpe y problemas personales. Y es que las tramas tampoco estaban tan unificadas.

Jordi (Igor Szpakowski) y Lleó (Àlex Monner) enfrentan la 2T con una relación distinta.

Jordi (Igor Szpakowski) y Lleó (Àlex Monner) enfrentan la 2T con una relación distinta.

Sí que es cierto que en la primera temporada cada personaje tenía su enfermedad y de ahí podían derivarse en algunas crispaciones temporales, pero las líneas argumentales principales eran conducidas por todo el grupo y compartían gran parte de ellas. En la segunda temporada, cada uno de los Pulseras Rojas empieza a tener sus tramas personales, mezclando lo que una vez los llevó a estar ingresados al hospital y todas las experiencias vividas al largo de estos dos años, más todas las que aún les atan a los Pulseras Rojas.

Las idea en sí es lógica y coherente, ya que refleja perfectamente esa etapa personal de la adolescencia y además, hacerlo en un hospital (que la alejaba de las tramas menos originales que pueden llegar a pasar en una serie ambientada en un instituto). Pero al contrario de la primera temporada, a nivel personal, me falló la forma de hacerlo, que deja el listón de la segunda temporada un poco por debajo de la primera temporada. Y es que dado al éxito de la primera temporada (llegó a tener su versión americana) y esa madurez de los personajes y de algunas tramas, la ficción cogió un aire familiar a alguna serie americana (o que estamos más acostumbrados a ver allí), cosa que no había hecho en la primera temporada.

Lo cierto es que los llantos desesperados, la música estridente y las peleas acompañadas de algún monólogo que podría acabarse por curtir, acabaron teniendo más acto de presencia de lo que una podría haberse esperado. La diversificación de tramas también obligó a estructurar de manera distinto algunos de los capítulos, haciendo que fueran más personalizados y por consecuencia, que algunas tramas se resolvieran un poco más precipitadamente o acabaron abiertos. Y para abierto el final de la serie, cosa que personalmente, detesto (los finales abiertos) pero hay que reconocerle al autor la valentía de explicar con audiovisuales su autobiografía (pasó diez años en un hospital) y que si realmente las cosas le pasaron de aquella manera, no valía la pena cambiar en final para tener al público contento. Pero por ejemplo, ¿hasta que punto hacía falta que el capítulo 10 intentaría emular una trama policíaca digna de haberse cocido en una productora norte americana y dejar a las otras de lado?

Toni (Marc Balaguer) es celador en el hospital y Roc (Nil Cardoner) sigue con su vida tras estar dos años en coma.

Toni (Marc Balaguer) es celador en el hospital y Roc (Nil Cardoner) sigue con su vida tras estar dos años en coma.

A la segunda temporada también hay que reconocerle la valentía de hablar del suicidio, de las despedidas o de las decisiones drásticas. No todas las series lo hacen de la misma forma y con este evidente contexto hospitalario que por momentos, parece cargar las escenas de más seriedad.  Otra de las novedades de la segunda entrega de Pulseras Rojas es el personaje de Rym (Laia Costa). No es la única incorporación, pero de los nuevos, es la única que consigue hacer mella en el público con su carácter y sus tramas.

En definitiva, la adolescencia de los Pulseras Rojas está lejos de parecerse a su niñez, y aunque probablemente la magia de la primera temporada fue lo que emocionó a la mayoría de los seguidores, la segunda temporada tiene momentos a un buen nivel con unos personajes muy queridos que la convierten en una pieza digna de ver, aunque te haga considerar si no disfrutaste un poco más con aquellos niños inocentes que hacían partidos de baloncesto para ganarse ‘El Sol’ del hospital (su recreo) o que hacían excursiones nocturnas para decorar las paredes del hospital.