Locuras de cine: Éramos pocos y llegaron los aliens

Proseguimos esta casi olvidada serie (casi) de artículos con una de las películas más sorprendentes y bizarras de la última década.

Creo, queridos lectores, que ya me conocéis un poco, y sabéis que lo raro me gusta. Ésta película, sin embargo, la vi primero casi por obligación, ya que incluía la palabra “zombi” en su sinopsis, y aunque hace tiempo fui un consumado zombifan, las miles de imitaciones tristes del estilo Romero y Walking Dead me han agotado bastante. Por suerte, me equivoqué: ésta película es todo menos convencional, y para, muestra, haré un resumen de su argumento bastante mejor que el horrible trabajo que realizó la distribución española, incluyendo en el nombre -en realidad, la cinta se llama Freaks Of Nature”. En serio, ¿era muy problemático traducirlo correctamente, en vez de organizar un vergonzoso concurso para elegir entre 3 títulos a cada cual más aberrante?- y seguro que vais a mostraros, como mínimo, interesados. Vamos allá:

Bienvenidos a un universo alternativo, en el que los vampiros, zombis y seres humanos conviven con -tensa- normalidad, el pequeño pueblo de Dillford sigue como siempre, con los problemas típicos de un pueblo de esta clase. Todo se romperá cuando naves alienígenas aparezcan en los cielos con intenciones desconocidas…

Los tres protagonistas, cada uno de una raza, se verán en medio de un auténtico problemón (Guardiaoscura.com)

…Y hasta aquí, ya tenemos una propuesta original: los humanos, vampiros y zombis conviven entre ellos, centrándose la historia en el instituto, que poco a poco se extiende por el resto del pueblo. Encontramos personajes que parodian sin ninguna vergüenza todos los clichés sobre el mundo del instituto americano, potenciado y exagerado con las condiciones de cada una de las razas, y también de los clichés sobre los mismos monstruos que protagonizan la cinta.

Sólo por esto, la cinta ya merece la pena, una cinta que se nota de bajo presupuesto, pero muy bien traído. Los dramas de instituto vistos de esta curiosa forma continúan hasta la mitad de la cinta, más o menos… Y entonces es cuando la película se transforma en un carrusel de locuras, que se ríen incluso del ritmo, cambiándolo constantemente. La cinta se ha convertido en ese punto en un conglomerado de sorpresas, de situaciones alucinantes, hasta llegar a un final absolutamente alucinógeno.

Uno de los mejores puntos del film, es que cuando hay una explicación al espectador -esos momentos tan incómodos en los que se toma a los propios personajes como idiotas que han olvidado algo con lo que viven- están metidos con gran estilo, y el espectador tendrá que ser más espabilado de lo habitual para encontrar todos los detalles de este mundo tan original, algo que puede que os cueste más de un visionado. Sirva de ejemplo la explicación de por qué los zombis comen cerebros…

En resumen, una perlita deliciosa cual cerebro recién sacado de la lata, y justa merecedora tanto de vuestro visionado como de figurar en esta serie de desvergüenzas cinematográficas. No es perfecta, y se nota que el proyecto ha tenido grandes vaivenes, pero es un producto divertido, cuanto menos. Vedla con un buen bocata de costillas, ya veréis cómo os renta…