Un terror demasiado conocido

It Bill Skarsgard

El actor Bill Skarsgård toma el relevo de Tim Curry en el ‘remake’ de la cinta de terror It

Mañana se estrena en los cines españoles el remake de It, película de 1990 protagonizada por Tim Curry. Esta nueva producción se ha anunciado a bombo y platillo desde hace bastante tiempo, comenzando con un análisis exhaustivo del nuevo Pennywise y finalizando con globos en las alcantarillas de distintos lugares en Estados Unidos.

Estos recursos publicitarios no son nuevos, varias películas como, por ejemplo La Maldición de Chucky, han tratado de involucrarse en la vida diaria del público para así conseguir que acudan a las salas. Sin embargo, a veces parece que esta promoción llega a asustar más que la propia película. Existen diferentes posturas sobre si el terror actual da realmente miedo o es una máquina constante de jump scares. No obstante, un servidor cree que el problema va algo más allá y reside en la originalidad que ha perdido este fantástico género.

Con esto no quiero decir que la nueva versión de It no pueda ser original. Posee un equipo creativo muy competente, con Andrés Muschietti al frente. El director argentino ya demostró con su anterior película, Mamá, que era capaz de crear una atmósfera opresiva a partir de un icono terrorífico. Por tanto, se podría decir que este remake del payaso diabólico puede ser muy gratificante.

Sin embargo, este nuevo estreno deja entrever una fórmula demasiado trillada en el cine de terror actual como son, precisamente, las remasterizaciones. Son varias las figuras que han sufrido un lavado de cara, sobre todo en el género slasher. Tanto Freddy Krueger como Jason Vorhees fueron actualizados a los nuevos tiempos con las películas Pesadilla en Elm Street, El Origen y Viernes 13, respectivamente. Títulos muy similares para grandes películas de los años 80 que ocasionaron numerosas pesadillas al público de entonces.

Bien es cierto que las originales no han aguantado demasiado bien el paso del tiempo, pero tampoco es que las nuevas versiones hayan apostado por un cambio radical. La estética es más oscura y parece que quieren tomarse más en serio, pero la historia no se mueve ni un ápice de la original por lo que tampoco aportan nada novedoso. Incluso en Viernes 13 se optó por reunir las tres primeras películas en una sola remasterización.

Jackie Earle Haley puso rostro a Freddy Krueger en el remake de Pesadilla en Elm Street en 2010

En relación a esto, las sagas acaban por ser explotadas hasta la saciedad. Pesadilla en Elm Street y Viernes 13 fueron el comienzo, aunque este subgénero del terror depende en gran medida de satisfacer al público más fanático, por lo que es más comprensible.

No obstante, grandes obras como Alien también ha visto como la mística y la novedad que tuvo en sus comienzos han sido pulverizadas por el fanservice barato y los efectos especiales. O incluso grandes obras del siglo XXI como Saw, que espera su nueva película en octubre, o Insidious que también pronto tendrá una nueva entrega, han ido complicando sus tramas para alargar aún más un chicle demasiado manido. Es curioso cómo estás dos últimas películas pertenecen a un mismo director, probablemente el más reconocido actualmente en el cine de terror actual: James Wan.

El director malayo es una de las grandes figuras y tiene en su haber películas terroríficas como las anteriormente comentadas y la fantástica Expediente Warren. Pero, además de crear obras de gran calidad, también ha sabido crear sagas a partir de sus inicios. En Expediente Warren, además de las dos películas dirigidas por él, se estrenó Anabelle, que pronto tendrá continuación con Anabelle: Creation. En estos proyectos, Wan se ha limitado a las tareas de producción. El problema es que estas películas acaban siendo casi una copia de la anterior y se nota demasiado cuando Wan se encuentra en la dirección y cuando en la producción.

Aunque no todo es malo en el cine de terror más comercial. Existen grandes sorpresas que tratan de alejarse de los jump scares y que de verdad tratan de sumergir al espectador en un terror absoluto. Scott Derrickson podría ser un ejemplo con Sinister, una película donde la oscuridad y una criatura perturbadora son los instrumentos necesarios para crear una experiencia escalofriante. Pero tampoco es necesario mirar tan lejos.

En nuestro país, Paco Plaza ha marcado tendencia en el cine de terror con su maravillosa obra Rec, que posteriormente fue llevada a Estados Unidos con la película Quarantine. Ahora, con Verónica, el director valenciano ha explorado otros ingredientes del terror creando una película muy refrescante en este género.

El Boogeyman de Sinister

No obstante, parece que es en el cine independiente donde el terror ha logrado volver a ser grande. Películas tan únicas como The Babadook (Jennifer Kent, 2014), It Follows (David Robert Mitchell, 2014) o La Bruja (Robert Eggers, 2015) han cambiado las reglas y han sabido innovar de verdad. Ya sea explorando los terrores infantiles, las persecuciones lentas y constantes o las creencias más férreas, estás producciones han apostado por los silencios inquietantes, las historias absorbentes y, sobretodo, la familiaridad con el público. Aquello que se ve y se percibe como propio es lo más terrorífico.

Puede que mucha gente no esté de acuerdo con este artículo ya que el terror, como la gran mayoría de cosas en el cine, es algo muy particular. Lo que a uno asusta puede que para otro sea un chiste y viceversa. Los sustos desde luego son una gran fuente de impresión y consiguen crear inquietud durante un rato. Aun así, estar dos horas pegado a la butaca y sin poder quitar los ojos de la pantalla por la tensión y el malestar, en mi humilde opinión, creo que contribuye más a que, a la noche, los sueños sean un poco más incómodos.