Crítica – ‘Carmen y Lola’

 

Título original: Carmen y Lola

Año: 2018

Duración: 143 min

País: España

Dirección: Arantxa Echevarria

Guion: Arantxa Echevarria

Música: Nina Aranda

Fotografía: Pilar Sánchez Díaz

Reparto: Rosy Rodriguez,  Zaira Morales,  Rafaela León, Moreno Borja, Carolina Yuste,

Productora: Tvtec servicios audiovisuales / ICAA

Género: drama, romance

‘Carmen y Lola’ es una historia de amor prohibido, que habla sobre cuestiones prohibidas y que tiene como protagonista un verbo que solo se puede conjugar en libertad. Esta reflexión puede ser bucólica pero es que tengo resaca de la ópera prima de Arantxa Echevarría, normalmente antes de escribir una crítica dejo mis ideas y sensaciones un par de días ‘en la nevera’, en esta ocasión, solo hace unas horas desde que vi la cinta y ya me encuentro con los dedos en el teclado.

Después de haber visto los clips que se habían lanzado para promocionar la película y tras leer diferentes opiniones tras su estreno en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, ‘Carmen y Lola’ se ha convertido en mi estreno esperado del verano. Pero pongámonos en situación: Carmen (Rosy Rodríguez) es una adolescente gitana que vive en el extrarradio de Madrid. Se la presenta como una joven destinada a vivir una vida que se repite generación tras generación, e esto es, casarse y criar a tantos niños como sea posible. Pero un día conoce a Lola, una gitana poco común que sueña con ir a la universidad, dibuja graffitis de pájaros y es diferente. Carmen desarrolla rápidamente una complicidad con Lola, y ambas tratarán de llevar hacia delante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones a las que tienen que verse sometidas por su familia y su entorno.

Se narra una historia que es para sentir con el corazón, y se consigue a través de todos los personajes, cada uno con sus peculiaridades, que van dejando entrever cual es el patrón de conducta con el que se corta a todas las mujeres del entorno de las jóvenes. Una atmósfera en la que no solo brilla la valiente Lola, interpretada por una espléndida Zaira Morales, también lo hace Carolina Yuste, que se pone en la piel de Paqui, una profesora, también gitana, que enseña a los más pequeños del barrio, la única que se da cuenta del talento y las agallas de Lola; Paqui juega el papel de esos grandes maestros de vida que todos tenemos a lo largo de nuestra trayectoria académica, atracción y admiración se mezclan cuando Lola pasa tiempo con ella pero, sin duda, para el espectador se revela como un personaje clave, la única, de nuevo, en reconocer que el amor de Carmen y Lola no es prohibido ni incorrecto y que solo son dos niñas enamoradas.

Paqui (Carolina Yuste) y Lola (Zaira Morales)

En cuanto a Lola, valiente es un adjetivo que no la califica merecidamente. La narrativa lleva al público a sentir el coraje de luchar por ser tú mismo y el temor a perder todo lo que se conoce como seguro. Zaira Morales nos regala escenas maravillosas, su rostro nos deja ver cuando se le rompe el corazón, aquí podría hablarse de diferentes puntos del metraje, pero hay que resaltar el momento en el que Paqui habla con Lola para saber que le ocurre, ya que lleva días en la cama sin querer salir, esta última en un momento de ira e impotencia reflexiona sobre su situación y el de muchas mujeres gitanas: “las mujeres gitanas por no tener no tenemos ni sueños”, sentencia. Ese preciso instante lo calificaría como uno de los momentos estelares de Morales en la película y del guion, escrito también por Echevarría.

Los silencios y los sonidos diegéticos son parte fundamental de esta ópera prima, ayudan a configurar y entender mejor el mundo que gira alrededor de las chicas. Los primeros planos o primerísimos primeros planos contribuyen a realzar los pequeños detalles, simbólicos para la relación de ‘Carmen y Lola’ y como se sienten sus personajes, un ejemplo tan bello como desgarrador es este fotograma:

Otro personaje brillante es Flor, madre de Lola, responsable de otro momento estelar de la película, el instante en el que la familia de la adolescente se entera que mantiene una relación con Carmen. Como era de esperar el caos se desata, si clasificara escenas duras, las de Rafaela León se llevarían la palma. Una excelente interpretación que invade al que la ve de angustia y que habla del que dirán, de la vergüenza, del temor a lo diferente. Una oportunidad única para que el espectador, si no lo ha hecho a lo largo del filme, puede entender que ‘Carmen y Lola’ pretende mostrar que ser gitana y lesbiana es difícil en la comunidad gitana pero esto no quiere decir, como se ha criticado, que exprese que no lo es serlo fuera de ella, es decir, en un mundo payocentrista y heteronormativo. No obstante, hay dos elementos muy potentes dentro de la estructura de esta pieza audiovisual que difumina las diferencias entre gitanos y payos: el amor puro y el discurso de la madre de Lola cuando descubre los sentimientos de su hija hacia otra muchacha, y es que no existe nada más universal que ese discurso.

Amena, entretenida y bien realizada, ‘Carmen y Lola’ no dispone de un final cerrado pero presenta una escena final inolvidable que nos deja un sabor agridulce y con una certeza, a la cual le pusieron palabras las hermanas Wachowski en la serie Sense8: “el amor, como el arte, siempre debe ser libre”.

Nota: 10.
Lo mejor: todas las piezas aportan algo esencial a la película.
Lo peor: no puede reprocharse nada.