Castle (II): escritor y detective encontraron su final

Castle

Castle ha terminado. Nunca más habrá capítulos nuevos de Castle. Estoy bien, de verdad. Durante los últimos meses, la ficción policíaca del escritor y su musa ha estado repleta de momentos para olvidar: que si una trama desastrosa para la octava, que si una temporada que nada tenía que ver con las anteriores, que si el despido de Stana Katic, que si la posibilidad de seguir la serie sin Beckett… Ahora, todo esto ha quedado un poco atrás y el debate se centra en sí el final que nos ofrecieron fue el que se merecían Castle y Beckett. Así que, dejadme hacer balance sobre esta finale y sobre la serie en sí antes que el escritor y la musa pasen a la sección de “Por los viejos tiempos”.

[PUEDE CONTENER SPOILERS]

Empecemos por el principio. Lo que es el capítulo en sí, la resolución de la trama Loksat es un auténtico desastre. Nada se aguanta por ningún sitio. Pero, ¿y qué? ¿De verdad alguien se esperaba que fueran a solucionarlo bien? ¿De verdad alguien se esperaba una finale cómo la que nos regalaron el año pasado o hace cuatro o cinco años? La trama de Loksat ni siquiera debió existir, fue un auténtico fracaso des el momento en que Beckett puso un pie fuera del loft para dejar a Castle. Así que no estoy enfadada porqué la resolución (si es que se le puede llamar resolución a eso, claro) fuera un desastre. El desastre fue inventarse esa trama. Una vez iniciada, era difícil reconducirla. Ya os he dicho en otras ocasiones que, cuando una temporada se crea a base de dinero y no de creatividad, pasa lo que pasa.

Aún así, me quedo con algunos detalles de la final. El primero, la gran interpretación de Nathan Fillion en la escena de su secuestro. Para quién crea que sólo es válido para hacer del típico graciosillo tontorrón, se la recomiendo. Un segundo detalle es que tuvimos la suerte que la final la dirigió  Rob Bowman, conocido por su implicación en The X-Files y probablemente, por ser de los pocos del equipo de Castle que aún hacía bien su trabajo. La verdad, lo que es a nivel genérico del capítulo poco más.  Ryan (Seamus Dever) y Esposito (Jon Huertas) no tuvieron ni medio minuto de gloria; la relación entre Alexis y Beckett siguió tan muerta como durante todo el año (todo lo contrario que su creador, Andrew Marlowe hizo en la séptima, que no fue otra cosa que acercarlas) y además, Vikram (Sunkrish Bala) resultó ser más bueno que el pan y no se desvaneció de la faz de la Tierra. Ah, y el malo malísimo era el jefe de la Gran Sociedad de Detectives. Muy impactante todo.

Los guionistas y los fans. O el Castle real y la octava temporada. Nunca lo sabrás.

Los guionistas y los fans. O el Castle real y la octava temporada. Nunca lo sabrás.

Pero bueno, vamos a lo importante. El final. Hay fans que consideran que Castle no se merecía este final. Pues personalmente, discrepo. Lo que no se merecía es esta octava temporada. Lo que no se merecía era ridiculizar a todos sus personajes cómo han hecho en varios de los episodios de este año. Lo que no se merecía era Loksat. Lo que no se merecía era la Gran Sociedad de Detectives. Lo que no se merecía era que Castle y Beckett dejaran de investigar juntos. Lo que no se merecía es que Hayley (Toks Olagundoye) remplazara la figura maternal de Beckett en la familia. Lo que no se merecía era la gran cantidad de minutos robados al Caskett (aunque tampoco soy partidaria de contar en cada capítulo cuántos minutos pasan en pantalla). ¿Pero ese final? ¿Castle y Beckett vivos, correteando por su casa con sus tres hijos, desayunando con ellos y brindando con las tazas de café? A mí se me hizo hasta corto, quiero un bonus clip.

Cómo bien sabréis los fans acérrimos, en el quinto episodio de la sexta temporada “Time Will Tell” (“El tiempo lo dirá”) un supuesto viajero en el tiempo les contó a los protagonistas que en un futuro vivirían en Nueva York con sus tres hijos. Des de ese momento, muchos de los fans de Castle empezaron a imaginarse esto como final de serie. ¿Qué mejor que ver que Castle y Beckett han superado todas sus adversidades y finalmente, han dado el paso de ser padres? Y además, si haciéndolo le dan continuidad a ese episodio de la sexta temporada, yo no le veo el problema. A mí el final me gustó. Ver a Castle y Beckett con sus niños fue probablemente, lo más adorable que nos ha regalado la octava temporada – así como es, probablemente, uno de los pocos elementos de continuidad que ha mantenido.

Personalmente, creo que el problema está en otro sitio. No es tanto que no guste el final, si no que el problema es que va enganchado detrás de un capítulo malo, dentro de una temporada peor. Si por decir algo, este final lo ponen después de “Hollander Wood’s” (la season finale de la séptima) prácticamente todos los fans tendrían la opinión unánime de que este final está bien. Claro está que también se nota bastante que es un final que grabaron por si acaso no renovaban. Dentro de todo, tampoco me parece un desastre. ¡Imaginaros la alternativa! ¿Beckett muerta? ¿Castle deprimido? ¿Hayley sustituyendo completamente a Beckett? Eso sí sería un auténtico desastre. Quizá, y sólo quizá, si la octava hubiera sido distinta tendría más quejas de ese final. Pero a mí me gustan, sus 45  segundos enteros. Para a quién le moleste ese plano del apartamento vacío antes de verse los niños, ya os lo digo ahora: Castle y Beckett están vivos. Al menos, en mi cabeza.

Pues yo prefiero volver a ver este capítulo antes de "enfadarme" por Loksat.

Pues yo prefiero volver a ver este capítulo antes de “enfadarme” por Loksat.

Tras esta valoración del capítulo en sí, me gustaría agregar un par de cosas que probablemente, ampliaré en algún artículo de “Por los viejos tiempos “en el futuro. La primera valoración es que al menos por ahora, Castle tiene todas las papeletas de ser recordada por todos los problemas de este último año en vez de valorar lo que nos ofrecieron las 7 temporadas anteriores. Y la verdad, me parece un tanto surrealista que en general, haya más esfuerzos por recordar todos y cada uno de los errores de los guionistas (que sí, que son muchos) que no que haya más ganas de recordar que durante 7 años (8, si queréis…) nos han contado una bonita historia entre dos personas, con sus referencias, sus paralelismos y sus grandes momentos entre asesinato y asesinato. Cualquier día se nos olvidarán que los protagonistas tenían su vida prácticamente destrozada antes de encontrarse.

Me parece mentira que se hable más de capítulos sin substancia como lo son muchos de la octava (algunos de ellos escritos por gente recién llegada y que ha demostrado conocer más bien poco la serie) que no que se recuerde la cuarta temporada que nos regaló el creador de la serie, Andrew W. Marlowe. La cuarta fue el punto álgido de Castle, aquel nivel que era difícil de repetir. A partir de ahí, es cierto, no se recuperó el nivel de la cuarta ni de la tercera. Pero Castle y Beckett seguían siendo ellos y nos regalaron muchos, muchos momentos que ahora parece que no están.

Y sí, que Beckett dejara a Castle probablemente es una de las peores decisiones el último año. Y que Castle fuera un detective privado y ella capitana y alejarlos de uno de los pilares de la serie cómo sus investigaciones y construir teorías juntos, también. Eso lo sabemos todos. Pero, ¿dónde han quedado los grandes momentos? ¿Dónde ha quedado el capítulo de “Always” (“Siempre”)? ¿Y esa escena en el hotel de Los Ángeles cuándo intentaban disimular que no se querían? ¿Y su boda? ¿Y el primer día que decidieron ir a por una hamburguesa después del trabajo? ¿Y sus peleas (fundamentadas y bien hechas)?

¿Y lo bonito que era emocionarse por qué se cogían de las manos?

¿Y lo bonito que era emocionarse por qué se cogían de las manos?

Quizá sería mejor olvidar esa octava. Olvidar que ha destrozado la serie. ¿Lo ha hecho? En el sentido más material, más de guión, desgraciadamente la respuesta sería sí. ¿Pero pesa más un mal año que siete de buenos? ¿Acaso no nos suena la típica frase de “todo el mundo tiene una mala racha”? Que sí, que en este punto en concreto la racha es malísima. Pero no olvidemos todos los paralelismos que nos dieron un día y el buen uso que le supieron dar a la continuidad y sobre todo, aquella historia de amor que no dio el paso hasta el capítulo 81. Porqué una cosa es que la octava temporada esté arruinada, pero ¿lo está la serie? Con mirar cualquier capítulo, en especial de la cuarta, la respuesta está servida.

En general, Castle ha sido una serie policíaca procedimental que nos ha aportado más que sangre, pistolas y interrogatorios. Nos ha ofrecido la inclusión de una pieza como un escritor en el mundo policial, cosa que a mí modo de ver, le ha dado vida a la serie. Le ha dado ese toque. La construcción de su historia de amor, sin pausa pero sin prisa, podríamos decir es la guinda del pastel. Esa química explosiva es capaz de pegarte a la pantalla des del primer día, si es capaz de atraparte. La lista es larga, probablemente podría seguir hasta mañana. Es una pena que el dinero y la nefasta gestión comercial de la ABC nuble todo esto. Hasta siempre, Caskett. Y recordad: Richard Castle vive en Nueva York con su mujer, la Senadora Kate Beckett y sus tres hijos.